El cielo de los ángeles
Luis asomaba las ojeras bajo el casco, encogido en sus ropas de campaña, y se frotaba las manos. Se le habían helado mientras sostenía el rifle. Estábamos expuestos a los cuatro vientos, los mismos que arrastraban sobre Zacatecas legiones de nubes cargadas de ceniza. Más allá del horizonte ardía un incendio sin control.
El campanario izquierdo de la catedral, el que seguía intacto, estaba encerrado en una jaula electrificada. Podías oír el zumbido si te acercabas a los barrotes.
—Pero, ¿qué son? —pregunté.
—Ángeles, Chico.
Luis no apartaba los ojos del cielo. Su mirada se achicaba con el paso de las horas, finas y duras arrugas se formaban bajo los ojos y las sombras crecían en sus mejillas sin afeitar. Sin embargo, no había nada en el mundo que lo tentara a descansar antes de que saliera el Sol. Seguir leyendo… (5221 palabras)










13/08/2010. 86 vistas. 5371 palabras. Etiquetas: