1

El torero


El torero entró corriendo en la plaza. Tras él, relu­ciente a la luz de la noche, un toro de tamaño impo­si­ble hizo añi­cos la puerta grande y la atra­vesó hin­chán­dose y des­hin­chán­dose como una bota llena de vino.

Tres pica­do­res sin ros­tro con ins­tru­men­tos de orquesta acom­pa­ña­ban la escena para­dos cerca de las barre­ras. El aliento de los caba­llos res­plan­de­cía con la apa­rien­cia humeante de un cri­sol de hie­rro colado.

El torero se diri­gió hacia el cen­tro del albero. Las cen­te­llas del traje de luces pare­cían esti­rarse como hilos de araña que lo rete­nían con­tra su volun­tad. El toro se lanzó hacia él. A pesar del esfuerzo deno­dado del torero, cada zan­cada del toro reco­rría veinte de sus pasos.

La som­bra oscura como un tren de mer­can­cías cre­ció a su espalda y, cuando le alcanzó, le vol­teó por los aires con vio­len­cia. El torero reco­rrió la otra mitad de la plaza sin tocar el suelo.

En vez de que­dar aplas­tado con­tra la grada, la atra­vesó y ate­rrizó sobre hierba caliente. Seguir leyendo… (1170 palabras)