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La gripe


Fidel Bueno creía a cie­gas en la impor­tan­cia de la natu­ra­li­dad. Para él las des­gra­cias ocu­rrían siem­pre cuando alguien se apar­taba de la rutina por un exceso de pre­cau­ción. Algo tan sim­ple como desa­yu­nar en pijama para no man­char el traje era señal de que se temía dema­siado a lo incierto, de que se con­taba con el fra­caso por ade­lan­tado incluso en el más sim­ple de los pro­pó­si­tos, de que uno se había ren­dido, en defi­ni­tiva, a la noción de que el futuro era algo con­tra lo que había que pre­ve­nirse por­que en él aguar­daba un des­tino fatal que alcan­zaba tarde o tem­prano a todos, sin impor­tar cuánto hicie­ran por evi­tarlo. Seguir leyendo… (4434 palabras)