El torero
El torero entró corriendo en la plaza. Tras él, reluciente a la luz de la noche, un toro de tamaño imposible hizo añicos la puerta grande y la atravesó hinchándose y deshinchándose como una bota llena de vino.
Tres picadores sin rostro con instrumentos de orquesta acompañaban la escena parados cerca de las barreras. El aliento de los caballos resplandecía con la apariencia humeante de un crisol de hierro colado.
El torero se dirigió hacia el centro del albero. Las centellas del traje de luces parecían estirarse como hilos de araña que lo retenían contra su voluntad. El toro se lanzó hacia él. A pesar del esfuerzo denodado del torero, cada zancada del toro recorría veinte de sus pasos.
La sombra oscura como un tren de mercancías creció a su espalda y, cuando le alcanzó, le volteó por los aires con violencia. El torero recorrió la otra mitad de la plaza sin tocar el suelo.
En vez de quedar aplastado contra la grada, la atravesó y aterrizó sobre hierba caliente. Seguir leyendo… (1170 palabras)










02/08/2010. 96 vistas. 1351 palabras. Etiquetas: