Grigol
Cuando Grigol plantó los pies en la ribera y alzó la cabeza, el mundo entero dio un vuelco y con él, aunque el joven pastor aún no podía saberlo, su vida monótona y anodina.
Unos momentos antes, su rebaño pastaba en la cima de la colina, en uno de los verdes valles del Cáucaso, mientras él lo contemplaba distraído, apoyado en su bastón. El sol bañaba los prados y las laderas entre una manada de nubes sueltas e hinchadas. Las ovejas se entrelazaban de forma aleatoria pero armónica, como figuras de un arabesco viviente, y no parecía que nada extraordinario fuera a suceder.
Arropado por el calor tibio y resplandeciente del mediodía, Grigol se dejaba caer en un lúcido ensueño. El tiempo transcurría despacio en la montaña. El joven pastor georgiano, que aún no había cumplido la treintena, había pasado buena parte de su vida en aquel valle. Y, aunque desde que se encontraba allí apenas había cruzado unas palabras con nadie, puesto que había elegido él mismo aquel estilo de vida no le preocupaba en absoluto la monotonía del silencio. Seguir leyendo… (6579 palabras)










13/08/2010. 21 vistas. 6781 palabras. Etiquetas: